Última actualización: 26 de junio de 2021

Se dice que se encontró material publicitario del Estado Islámico (EI) en el alojamiento del somalí de 24 años que apuñaló a tres personas e hirió gravemente a otras seis en Würzburg el 25 de junio. Esto fue reportado por primera vez por “Focus”, pero poco después vuelve a relativizar la información: "Aún no se puede confirmar si los mensajes de odio encontrados son material del EI, ni tampoco puede haber ninguna conexión entre el material y el crimen".

Poco después de su arresto, Jibril A. declaró que el crimen era "su yihad", es decir, su contribución personal a la "guerra santa" contra los infieles. Las esperanzas de algunas figuras políticas y mediáticas de que el crimen pudiera ser desestimado como la masacre de un loco se ven frustradas por el peso de estos hechos.

Sí, Jibril A. estaba bajo tratamiento psiquiátrico y ciertamente no estaba del todo bien de la cabeza cuando atacó a mujeres y niños que llevaban una mascarilla FFP2 y un cuchillo que había agarrado al azar en unos grandes almacenes. Cualquiera con una mente normal no encaja en el entorno del islam político radical. Y, sin embargo, los terroristas encubiertos en nuestras principales ciudades no son precisamente asesinos de masas clásicos: se consideran parte de la Ummah, esa comunidad islámica global en la que no todos se distancian clara e inequívocamente del ISIS, no solo de palabra, sino también con hechos.

Esto fortalece la fe de los fanáticos, los misántropos musulmanes. Se obsesionan con la idea de que cuentan con el apoyo de millones de simpatizantes y partidarios secretos. Ante este panorama, el próximo acto similar no es una cuestión de si ocurrirá, sino solo de dónde y cuándo.

Los asesinatos de Jibril A. fueron el segundo ataque más grave del EI en Alemania hasta la fecha, después del ataque de Anis Amri en el mercado navideño de Breitscheidplatz de Berlín en diciembre de 2016. Estos ataques no acabarán con el terror de esta organización, pero pueden fortalecer la resistencia de los alemanes.

¿Tiene cabida el islam en Alemania? ¿Tenemos que aceptar unas cuantas muertes de vez en cuando como precio del multiculturalismo?

¡No, por supuesto que no! El terror persiste, ¡pero la resistencia también crece! ¡Ojalá Wurzburgo ayude a abrir los ojos a los alemanes!