Última actualización: 29 de diciembre de 2021

La gente que se acerca a los 90 años es peligrosa. Ya no puedes amenazarlos con nada. Se les considera, con razón, incognoscibles (o ya no incognoscibles), y por ello sus declaraciones públicas suelen resultar incómodas.

Didi Hallervorden tiene 86 años y es evidente que es joven de corazón. Puede permitirse decir lo que piensa en todos los sentidos. Un editor del "Berliner Morgenpost" también lo experimentó cuando le preguntó:

“En este momento te opones a cambios sociales como el género, que te parecen absurdos…”

La respuesta de Hallervorden a esto se puede enmarcar:

Con tanta 'corrección política', ya no sé qué eslalon verbal debo sortear para evitar con destreza todos los obstáculos. En cuanto a este lenguaje indescriptible basado en el género: ¿Cómo llega una minoría con motivaciones políticas a querer dictarle a una mayoría cómo debemos expresarnos en el futuro? El alemán, como patrimonio cultural, nos pertenece a todos. Nadie tiene derecho a manipularlo. El lenguaje se desarrolla por sí solo, no bajo presión superior. El lenguaje basado en el género es, como dijo un sabio anciano como Joachim Gauck, 'un discurso asistido'. Yo, y muchos como yo, no necesitamos educación en sensibilidad.

Estas pocas frases contienen un análisis sorprendentemente preciso de la situación política actual. La "minoría políticamente motivada" está llevando a Alemania de una debacle a otra. Sin duda, tienen todo el derecho a sentirse engañados y, evidentemente, han fracasado en su astuto intento de presentarse como representantes de una opinión mayoritaria estilizada.

Y hay otra frase en esta entrevista que vale la pena considerar a largo plazo, concretamente la penúltima:

“Persigo mis objetivos tenazmente contra viento y marea y sin rendirme nunca”.

No hay otra manera. El goteo constante desgasta la piedra.

Foto de arriba: Didi Hallervorden (86) todavía disfruta de los grandes escenarios. Y allí actúa con seguridad, afirmando: "Hallervorden es lo máximo".