Última actualización: 27 de septiembre de 2025

En el programa de entrevistas de Markus Lanz del 20 de febrero de 2025 se hizo evidente un cambio de paradigma sorprendente y consecuente en la política migratoria entre todos los participantes.

En las últimas décadas, se ha observado un cambio político gradual en Occidente: el individualismo social y político que prevaleció tras la Segunda Guerra Mundial ha sido reemplazado cada vez más por el colectivismo. Pero ahora, esta tendencia se está revirtiendo. En varios países —incluidos Estados Unidos, Hungría, Suecia, Dinamarca (a pesar de su gobierno socialista), Italia, España, Francia, Bélgica, Países Bajos, así como la mayoría de los alemanes, austriacos y otros— existe un creciente anhelo de retorno al individualismo.

En este contexto, la mesa redonda con Markus Lanz, celebrada el 20 de febrero de 2025, simbolizó el intento de defender el legado del colectivismo y de retroceder solo cuando parezca inevitable. La composición de la mesa redonda fue, como era de esperar, parcial en cuanto a los medios de comunicación: los representantes del periodismo establecido dominaron el debate.

En el programa de entrevistas de Markus Lanz del 20 de febrero de 2025 se hizo evidente un cambio de paradigma sorprendente y consecuente en la política migratoria entre todos los participantes.

En las últimas décadas, se ha observado un cambio político gradual en Occidente: el individualismo social y político que prevaleció tras la Segunda Guerra Mundial ha sido reemplazado cada vez más por el colectivismo. Pero ahora, esta tendencia se está revirtiendo. En varios países —incluidos Estados Unidos, Hungría, Suecia, Dinamarca (a pesar de su gobierno socialista), Italia, España, Francia, Bélgica, Países Bajos, así como la mayoría de los alemanes, austriacos y otros— existe un creciente anhelo de retorno al individualismo.

En este contexto, la mesa redonda con Markus Lanz, celebrada el 20 de febrero de 2025, simbolizó el intento de defender el legado del colectivismo y de retroceder solo en la medida en que parezca inevitable. Como era de esperar, la composición de la mesa redonda estuvo sesgada por los medios: los representantes del periodismo convencional dominaron el debate, mientras que las voces críticas que ya habían señalado los problemas de la política migratoria hacía diez años fueron nuevamente excluidas.

Los participantes en la ronda fueron:

Melanie Amann, subdirectora de “Spiegel”,

Gregor Peter Schmitz, redactor jefe de “Stern”,

Jacques Schuster, redactor jefe de “Welt am Sonntag”,

Martin Machowecz, subdirector del periódico “Zeit”.

El repentino cambio en el razonamiento de los participantes fue notable. Tras años en los que los medios de comunicación desestimaron las advertencias sobre políticas migratorias descontroladas, calificándolas de exageradas o incluso de populistas de derecha, todos los presentes admitieron que se habían equivocado en su evaluación de la situación. Reconocieron que durante mucho tiempo habían subestimado, ignorado o minimizado deliberadamente el problema migratorio por razones ideológicas. Se debatió abiertamente cómo el miedo a caer en el juego equivocado llevó a evitar debates necesarios.

Los periodistas enfatizaron que durante mucho tiempo dudaron en adoptar posturas críticas por temor a ser asociados con ciertas corrientes políticas. Sin embargo, ahora se sintieron obligados a reconsiderar su postura, no por convicción, sino porque la opinión pública ha cambiado desde hace mucho tiempo y ya no se puede negar una nueva realidad.

A pesar de esta perspectiva, el debate siguió reflejando un reflejo de defensa del colectivismo. Si bien se reconocieron errores, se evitó una reorientación fundamental. En cambio, los participantes intentaron ajustar sus posiciones en la medida en que se adaptaban al nuevo clima de opinión sin abandonar su orientación ideológica fundamental.

Este panel de discusión fue, por lo tanto, menos una expresión de genuina diversidad de opiniones que un acto simbólico del establishment periodístico para reposicionarse frente a circunstancias cambiadas, con tanta autocrítica como fuera necesaria, pero con el menor cambio fundamental posible.

La gente rechaza el creciente colectivismo y la redistribución que conlleva. Quieren tomar sus propias decisiones sobre sus vidas y no verse obligados a actuar. Rechazan una dirección política que, en última instancia, conduzca al socialismo o incluso al comunismo.

El próximo domingo, no votes por uno de los viejos partidos colectivistas, sino elige un partido alternativo que apoye el retorno al individualismo.

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