Última actualización: 2 de julio de 2025
La segunda presidencia de Donald Trump tendrá consecuencias de mayor alcance que la primera. En 2016, no estaba preparado para un Estado profundo ocupado por sus oponentes políticos, lo que hizo que muchas de sus medidas fueran ineficaces. Esta vez, sabe que tendrá que barrer las escaleras de arriba abajo para implementar su programa.
“Si queremos liberar al país de las garras de la izquierda radical, necesitamos un programa de gobierno y las personas adecuadas que estén listas para implementar ese programa el primer día del próximo gobierno conservador”. citado por “Focus” de un memorando de sus partidarios.
En 2016, Trump contaba con Steve Bannon, un astuto estratega político y publicista, a su lado. Hoy, cuenta con el apoyo de Elon Musk, posiblemente el emprendedor más exitoso del mundo. Bannon es genial, pero Musk, con X, su programa espacial y, no menos importante, su potencial económico, es una bestia completamente distinta. Gracias a él, la presidencia de Trump puede convertirse en un movimiento conservador y culturalmente revolucionario que trascienda las fronteras de Estados Unidos.
Kamala Harris gastó 500 millones de dólares más que Donald Trump durante la campaña electoral, como calcula “Capital”. Los principales medios de comunicación estadounidenses, con la excepción de Fox News, jugaron a su favor. Trump, en cambio, triunfó en las redes sociales y contó con el apoyo de los podcasts políticos, cuyo alcance ha crecido en los últimos años.
Elon Musk podría contribuir a traer a Europa la revolución cultural conservadora, impulsada por los medios de comunicación. Sin embargo, aún no está claro si esto se concretará ni cómo.
Lo que es seguro, sin embargo, es que incluso en Europa, aquellos actores centrados en cuestiones políticas globales que han declarado la reducción de las emisiones de CO2 antropogénicas como el objetivo político más importante del siglo XXI fracasarán. Si Estados Unidos se retira de la agenda climática global, China, Rusia, India y otros se niegan a participar de todos modos, y cada vez más europeos también se alejan de la creencia en el CO21, ¿qué sentido tiene reducir la capacidad industrial en Alemania para afrontar el supuesto fin del mundo en un relativo aislamiento internacional?
¿Y qué será de los actores políticos rojiverdes relevantes si, a pesar de todas las predicciones y temores, la física no coopera y el fin del mundo –a pesar de Trump– no ocurre?
Trump hablará con Putin el año que viene y pondrá fin a la guerra en Ucrania. Sea cual sea la línea de demarcación exacta, la paz equivaldrá a la capitulación de Ucrania, y todos los que prometieron la victoria de Volodímir Zelenski y gastaron miles de millones en ella quedarán como perros mojados.
En tan solo un año, el mundo será un lugar diferente. Es posible que algunas cosas en Europa tengan que empeorar antes de que las cosas mejoren aquí, como ocurre en Estados Unidos.
